31.10.07

..:: nada ::..


Hay una página en blanco, a la mitad de un cuadernito Moleskine que compré hace dos años en el Pompidou de París (no hay otro). Sobre la página, el separador y una pluma de hotel, mordida, babeada. Debo escribir una reseña, lo sé. Pero, fuera del aftertaste amargo de la cerveza que, como un fantasma, se asoma desde mi paladar, puedo pensar en poco más. Paso de la página vacía del Moleskine a la pantalla brillante de Word. Como un guiño o una pulga bidimensional o una luz navideña, el cursor está y no está, está y no está. Diez, quince minutos. El capítulo de mi novela se queda pasmado en la palabra "añicos". La cambio: "herrumbre". La borro –el cursor desarrolla mandíbulas finísimas, come con la delicadeza de un japonés–. Abro un cuento de Murakami que dejé a la mitad. "A Folklore for my Generation", se llama. Me detengo en un vocablo: "sheepish". Se lee: "I suppose", he said, and gave a sheepish sigh. Fea palabra: sheepish. Feas palabras: añicos, herrumbre. Dejo el libro sobre el escritorio y le pido a David el link de un video tonto de YouTube. Desde la portada del libro, una mujer oriental me ve, me estudia. Blind Willow, Sleeping Woman. Vuelvo a la página en blanco del Moleskine, al resplandor juicioso del procesador de textos.

Llego aquí: a la nada.

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